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Madrid
Fuimos después de una experiencia traumática, pensando que la comida crearía nuevas cadenas neuronales y, afortunadamente, así fue. Las tortitas fueron estupendas y bien recibidas, así como los huevos benedictinos de mi pareja (los de la carta, no los suyos). Todo bien presentado y delicioso. El servicio también fue muy amable, de buen trato. El local es muy agradable. Por poner un pero, prefiero sillas con respaldo, porque una ya tiene una edad y las lumbares lo agradecen... Sin embargo, nada que reste a la calidad del servicio. Recomendado.
Arranco por lo bueno: se agradece un lugar que cuide los ingredientes y tenga una búsqueda saludable. Los huevos benedictinos fueron lo mejor, con un sabor particular que estaba muy bien logrado. Los pancakes dulces también cumplieron, ricos y livianos, bien en línea con la propuesta. Ahora, el lugar quiere ser cool pero la experiencia no acompaña del todo. Las mesas comunitarias son demasiado angostas para compartir y los banquitos bajos e incómodos me hicieron acordar a la escuela infantil. Los cubiertos son lindos, sí, pero poco prácticos: cortar el pan se vuelve una pelea. El croque monsieur se queda a mitad de camino: llegó tibio y le faltaba una vuelta más, sobre todo otra capa de bechamel. La proporción tampoco ayudaba, demasiado relleno para el pan y la salsa. No creo que vuelva a sentarme en el local, pero sí pediría a domicilio. Me quedé con ganas de probar los helados, que tienen muy buena pinta y siguen la línea sin azúcar y saludable.
Delicioso Chai, de loos mejores que he probado. Y sus helados caseros son de otro planeta, especialmente el de coco! Además vegano y sin azúcar. Totalmente recomendable
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