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Pamplona
La primera impresión del sitio fue buena, el local es agradable, pero esperaba más de los desayunos viendo los precios (el menú ronda casi los 20 €). Al final pedimos solo una tostada y un café. El café estaba muy bueno, eso sí. Pero el servicio tardaron bastante en atendernos. La tostada (8 €) me pareció pequeña para lo que es: tomate con aguacate y poca cantidad. Además, el aguacate no venía ni bien laminado como especificaba la carta. En cuanto al pan, una cosa es que esté crujiente y otra muy distinta es que esté duro. En este caso estaba demasiado seco y duro para una tostada. Y en el mollete del bocadillo de jamón, el pan se quedó mojado y parecía comida de gallinas por la decoración de remolacha del plato. También tengo la sensación de que la base del plato está decorada con remolacha de forma bastante amplia para que visualmente parezca más lleno y no se vea tanto hueco vacío en el plato, lo que hace que la ración parezca más abundante de lo que realmente es y es que estaría bien que avisaran de la remolacha en la decoración, porque no todo el mundo la tolera. En general, el café bien, pero me parece caro para lo que es y algo mejorable en servicio y cantidad. En cuanto a relación calidad-precio, esperaba más por los precios que tiene, y en cuanto a las cantidades deberían mirarlo mejor porque ponen poca cantidad.
Un brunch de notable exquisitez en un espacio donde la estética y la armonía se conjugan con sutileza. Cada creación culinaria revela precisión, sensibilidad y un profundo respeto por el producto, logrando una experiencia gastronómica equilibrada y memorable. El ambiente, sereno y sofisticado, invita a una pausa placentera, mientras que el servicio, atento y perfectamente medido, acompaña sin imponerse. Un destino imprescindible para quienes valoran la elegancia en cada detalle.”
El brunch empieza con un cocktail, sirven dos bebidas, una fría y otra caliente, dulce, yogur/açai y principal. Todo BUENÍSIMO. Son 19€, para la cantidad de comida que sirven no nos parece caro. A parte pedimos unos Huevos turcos (unos 9€)y una tostada de "Güevos revueltos" (unos 8€). Buenísimos. De bebida a parte del brunch pedimos un café con leche y un matcha latte. El café genial, el matcha... no estaba bien hecho, por desgracia. Crítica constructiva: hay que mezclar el matcha con MUY poca agua/leche caliente para que se disuelva o se haga una pasta, luego ya se mezcla con el resto de la leche. Tenía muchos grumos, no estaba bien hecho, una pena. Me lo bebí igualmente, la verdad. Simplemente no recomiendo pedirlo aquí. Para tener en cuenta también: dentro del local hace bastante calor, como friolera en invierno, una maravilla. Si eres caluroso/a, ven cual cebolla para quedarte en manga corta, mis acompañantes lo pasaron regular. Suele estar a tope en fin de semana y el local es pequeño, puede ser que estéis apiñados y tengáis que esperar a que os den mesa. Es lo que hay cuando un local va bien. Sobre el trato, quien viene lo sabe, hay muy buen rollo, son cercanos y profesionales, y el servicio es rápido.
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