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Haro
He tardado bastante en escribir esta reseña. No porque no supiera qué poner, sino precisamente porque me costaba encontrar las palabras adecuadas para describir lo bonito que fue lo que vivimos allí. Pasamos 4 días en La Rioja y acabamos cenando 3 noches con vosotros. Y creo que eso ya dice mucho. En una tierra llena de sitios increíbles donde comer y beber bien, no sentimos la necesidad de buscar nada más. Lo que empezó siendo una cena terminó convirtiéndose en una de las partes más bonitas del viaje. Amaya tiene un talento increíble en cocina. Todo lo que probamos estaba espectacular, pero además nos hizo sentir como en casa… o incluso mejor, porque en casa nadie cocina así. Su cercanía y su forma de tratar a la gente hicieron que desde el primer momento tuviéramos ganas de volver. Y luego está Iván, que tuvo la difícil tarea de guiarnos por el mundo del vino. Empezamos con un rosado que estaba muy bueno, pero cuando nos recomendó otro, se nos abrió un mundo completamente nuevo. Solo hicieron falta dos vinos para que entendiéramos que lo mejor era dejarse aconsejar. Así que nos fuimos con una promesa pendiente: la próxima vez empezamos directamente por el tinto. Pero más allá de la comida y el vino, lo que nos llevamos son las conversaciones, las risas y la sensación de haber encontrado un sitio especial. De esos que hacen que un viaje se convierta en un recuerdo todavía mejor. Ha pasado más de un mes desde que volvimos y seguimos hablando de vosotros. Tenemos una nostalgia inesperada de aquel rincón de La Rioja y, sinceramente, ojalá estuvierais en Valencia. Aunque pensándolo bien, lo que realmente echamos de menos no es solo el restaurante. Sois vosotros. Gracias por vuestra pasión, vuestra cercanía y por hacernos sentir tan a gusto. Gracias, Amaya, por una cocina que nos dejó con ganas de volver solo para descubrir qué más eres capaz de hacer. Seguimos esperando nuestra oportunidad como catadoras oficiales. Y gracias, Iván, por abrirnos un nuevo mundo con un solo cambio de vino y por dejarnos una cuenta pendiente que tendremos que saldar la próxima vez con ese tinto. Hay restaurantes donde comes bien y ya está. Y luego están esos lugares que terminan formando parte del recuerdo de un viaje. Para nosotras, fuisteis exactamente eso. Nos vemos pronto. Y esta vez prometemos hacer caso desde el principio.
Un descubrimiento. Vinoteca con comida para picar. Tomamos las anchoas (no en salazón), ensaladilla espectacular (no hay foto) y un variado de quesos a cada cual mejor. Con un vino Pancrudo de Gómez Cruzado. Vinos hay para poder elegir de todo tipo y precio. Amaya e Iván todavía te hacer disfrutar de una mejor velada. Gracias especiales!
El servicio es muy entretenido. Pedí paté de campaña y ensaladilla, ambos deliciosos y bien presentados. La selección de vinos está curada cuidadosamente, se pueden probar clásicos y etiquetas modernas. Sin dudas volvería.
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