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Pamplona
Me gustó para hacer un break en la tarde, pero considero que lo que ordené no tenía nada fuera de lo ordinario. El Frappuccino de café estaba un poco insípido, y el rollo de canela estaba rico, aunque como dije antes, nada fuera de lo común (soy una ávida amante de los rollos de canela y siempre aprecio que tengan algo especial). En cuanto al servicio, no diría que está terrible, pero el chico que me atendió parecía desinteresado en venderme y cuando le pregunté si tenía Frappuccino me dijo que leyera el menú, podía solo responderme si sí o no… como siempre digo, ¡hay que tratar a la gente más gentilmente de lo que uno se siente! En fin, creo que hay buenos productos pero el ambiente en general no se me hizo muy acogedor.
Una cafetería que no puedesdejar de visitar si pasas por Pamplona. Un local histórico con mucho encanto y mejor buen gusto. Alberto y Cristina encantadores. Además ceden sus paredes para pequeñas exposiciones de artistas de la zona... ¡Gracias!
El café es excelente, es su especialidad y se nota en la ejecución y el sabor. El nudo de cardamomo y el rollo de canela son espectaculares, tienen una mantecosidad estupenda sin llegar a ser excesiva y maridan muy bien con el café. Las galletas parecen sacadas del mismo obrador que todas las de la ciudad y son excesivamente dulces y las tostadas son muy estándares. El local es encantador, a cogedor y cómodo y el personal es muy amable. El mayor inconveniente que tiene son los precios, todo es excesivamente caro, en el caso del café diría que merece la pena pero en cuanto al resto de la carta no merece la pena.
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