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Santiago de Compostela
Llegué aquí por recomendación. El local es pequeño pero muy bonito, con una decoración que mezcla acero y piedra. Normalmente no me atraen demasiado estos lugares un poco radical chic y, pensándolo bien, quizá habría desayunado en otro sitio. Sin embargo, tengo que reconocer que la tarta de Santiago estaba realmente muy buena. Los precios son altos, más o menos como en toda la ciudad, pero la experiencia fue buena y el personal es amabilísimo.
Estuvimos desayunando, muy bueno el café y la comida, todo muy natural. El servicio justito de simpatía pero bien, poco tiempo de espera. El local muy oscuro para mi gusto, una mezcla de piedra natural y mobiliario de acero inoxidable muy chula, pero podrían poner más luz indirecta o puntos de luz más potentes en el techo ya que el local es pequeño y con poca luz natural.
La primera vez que hemos ido y a pesar de que tuvieron un problema con la electricidad y la carta era más reducida de lo habitual, probamos la tostada y el bol de yogur. Muy rico ambas cosas. El café espectacular.
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