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Barcelona
Restaurante moderno de cocina italiana, decorado con bicicletas, que ofrece platos sostenibles preparados en una cocina abierta.
Nunca sabré si se come bien. Hemos intentado tomar una cerveza pero la mesa estaba reservada. Reservada para tomar una cerveza, para comer estaba la misma mesa libre. Nos hemos dado a la fuga inmediatamente, claro. Después de 45 años en el barrio, tenemos que acostumbrarnos cada vez más a los negocios que abren y cierran según les va con el turismo. Que tengan suerte.
Un sitio con mucho rollo en pleno Eixample. La Fuga mezcla café, buena comida italiana y cultura ciclista en un local precioso, tipo nave industrial con mucho encanto. Ideal para desayunar con calma, tomar un brunch o picar algo. Es un local grande y con varios espacios, aunque destaca su jardín interior que es una preciosidad. Si no fuera porque hay un vecino que no lo acepta y se dedica a chistar a la gente que habla. La carta no es enorme, pero está bien pensada: focaccias, pastas, pizzas caseras y postres italianos. Así como la comida pueda decir que estaba deliciosa y me quedé con ganas de probar más y platos, no puedo decir lo mismo de los postres que dejaron mucho que desear. El canolo es una vergüenza. No solo es caro, porque pagas casi 8€ por un canolo, sino que el gusto es horrible. He probado canolos muchísimo mejores. Tampoco el postre fuera de carta estaba bueno, un calzone mini de gianduja malísimo. El servicio era muy amable aunque un poco despistado, pero en general tienes buena onda. Si te gusta comer bien en sitios con personalidad, este lugar merece una visita. Eso sí, no pidas postre.
Un restaurante en el centro del ensanche derecho de Barcelona con varias salas y un patio muy curioso. La comida es muy buena. En resumen es un lugar fantástico y maravilloso.
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