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Barcelona
Cafetería exclusiva, con terraza, donde se sirven platos ligeros, boles, postres y bollería.
Siempre me ha gustado la decoración de este local. Tiene una estética entre industrial y art déco contemporáneo, con techos negros vistos y enormes conductos de ventilación que contrastan con la calidez de la madera del suelo y la barra. Los sillones de terciopelo verde y mostaza, las lámparas de fibras naturales y las plantas y arreglos florales suspendidos sobre la barra le dan un aire elegante y acogedor, casi como el salón de un gran hotel neoyorquino. Además, la iluminación tenue y los espejos contribuyen a crear una atmósfera tranquila y sofisticada. Sin embargo, hay algo que siempre me sorprende: cada vez que he venido el local estaba bastante vacío. Por eso hoy no entendí que, al pedir la mesa junto al ventanal, me dijeran que no porque supuestamente iban a abrir esa zona más tarde. Mientras disfrutábamos tranquilamente de nuestro café con leche, mi té matcha 🍵 y compartíamos un excelente pastel de chocolate con pistacho —muy recomendable, por cierto—, el ventanal nunca llegó a abrirse y tampoco entró ningún cliente nuevo. Quizá deberían replantearse esa decisión, porque pocas cosas resultan tan tentadoras para quien pasea por la calle como ver a alguien disfrutando de un buen café y de un trozo de pastel en un espacio tan bonito como este. Estoy convencido de que mostrar ese ambiente hacia el exterior podría atraer a mucha más gente. ☕🍰
Tomamos dos platos con acompañante, un zumo, un agua, un café y un red Velvet, y todo nos salió por 35€ con el descuento. Todo estaba bueno, en especial el zumo que tenía toque de jengibre y cúrcuma. Me encantaron las butacas y mesas bajas.
Nos encantó porque tenía opciones de todo tipo. Fuimos un grupo de amigas muy variado y todo nos gustó. El espacio dentro es muy grande por lo que estuvimos muy cómodas. Los postres estaban brutales.
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